Lviv (Ucrania), una ciudad excepcional. 13, 14 y 15 octubre 2011 (actualizada)

El día 13 de octubre de 2011 llegué a Lviv (Ucrania) hacia las 23:30, procedente de Rzeszów, Polonia, junto a otros 43 socios y amigos de la Asociación Cultural Raíces de Europa, nacida el año 2004 en Vitoria (País Vasco, España), cuya misión es promover la integración de Europa desde la cultura, y que tengo el honor de dirigir.

En Lviv íbamos a estar, y estuvimos de hecho, además de la noche del 13, todo  el 14, y las primeras horas del 15, pues tras desayunar, regresábamos a Polonia, con destino a Zamosk y Varsovia. Antes habíamos visitado buena parte del sur de Polonia, país del que volví a regresar fascinado, y sobre el que más adelante me gustaría escribir.

La decisión de ir a Lviv la propició a un apreciado colega y amigo, el profesor de Cultura de la Imagen de la Facultad de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Navarra Dr. Jorge Latorre, que me había animado vivamente a visitar esta ciudad, de la que hasta entonces, debo reconocer, apenas había oído hablar.

Llegué al Lviv con cierto escepticismo, pues no estaba del todo convencido de que las tan laudatorias palabras del profesor Latorre se corresponderían del todo con la realidad. Jorge me había presentado a Lviv como la Viena Eslava, una ciudad a la altura, o casi, de la que fuera capital del Imperio Austro Húngaro. Las dudas sobre la descripción del profesor Latorre aumentaron al llegar a la frontera con Ucrania, en la carretera que une a Cracovia y Rzeszów con Lviv. Contemplé con cierta preocupación la larguísima fila de camiones y coches, que, además, en elevadísimo porcentaje eran tan antiguos como destartalados. Los autobuses eran pocos, pero la espera fue larguísima, al menos para nuestra costumbre en la Unión Europea, donde gracias a Dios no hay fronteras: estuvimos unas tres horas.

Durante ese tiempo se hizo la noche, por lo que entramos en Ucrania sin luz. ¿Qué nos esperaría en Lviv?, ¿sería en verdad la Viena Eslava del profesor Latorre? ¿Había exageración en sus alabanzas?

Cuando llegamos a la ciudad, y vimos en lo alto la silueta iluminada de una imponente iglesia –luego supe que era la de San Jorge-, pensé que podría ser cierto lo que dijo mi colega, pero había que esperar.

Nada más llegar al hotel, poco antes de la media noche, fuimos directamente a cenar. El personal del establecimiento –Eurohotel- nos atendió con exquisita educación y eficacia, a pesar de las horas a las que llegábamos. Aunque acabamos muy tarde, no me resistí a acercarme al centro de la ciudad. Amablemente me explicaron en la recepción cómo llegar hasta la gran plaza del Ayuntamiento. En ese recorrido, de apenas 20′, a pesar de la poca luz, pude comprobar que, efectivamente, se trataba de una magnífica ciudad.
Mis impresiones, debo aclarar, supongo que estarán siempre influidas por mi particular formación profesional: la del Historiador del Arte, amante singularmente de la Arquitectura.
Desde el primer momento me admiré ante la grandeza de sus edificios: las magníficas iglesias de los Bernardinos, la de la Asunción de la Virgen María y la Catedral Ortodoxa, el Ayuntamiento, los restos de sus murallas. Además, a pesar de la soledad –ya eran casi las 2 de la madrugada- la sensación era de seguridad. Me sorprendió ver incluso algún comercio abierto, y taxis disponibles.
Me acosté con ganas de conocer la ciudad con luz, para confirmar las gratas impresiones de la visita nocturna.
Al día siguiente, el viernes 14 de octubre, conocí a primera hora al Dr. Bohdan Chuma, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Lviv, con el que había entrado en contacto a través de internet por medio del referido profesor Latorre, y que desde el primer momento manifestó su completa disposición para ayudarnos en nuestra estancia en Lviv. Junto a él se encontraba nuestro guía, Igor Shmihelskyy, profesor de Lengua y Literatura española de la misma universidad que la del profesor Chuma. Su generosa cortesía y confianza me tocaron el corazón desde el primer momento. Con ellos comenzamos a visitar su ciudad.
Con el fin de que pudiéramos tener una visión de conjunto de Lviv, subimos hasta el castillo. Cuando estábamos llegando a lo más alto, comenzó a llover con fuerza. Lógicamente, no pudimos apreciar bien la vista de la ciudad, pero si intuir su grandeza.

A continuación, ahora en autobús -pues las distancias son grandes-, nos dirigimos hacia la Catedral de San Jorge, discurriendo antes por muchas de sus calles, plazas y edificios. Quedaba claro que la ciudad era una espléndida capital europea, que, efectivamentne, recordaba a muchos rincones de Viena, aunque también de otras grandes capitales de la Europa Central y Occidental. Esta impresión no dejó lugar a dudas a medida que nos adentrabamos y conocíamos con más detalle Lviv, y sus innumerables y magníficos monumentos. Junto a los ya referidos, no puedo olvidar el Palacio Potyocki, el Teatro Nacional de la Opera y Ballet, la Catedral Armenia, la antigua iglesia de los Dominicos –que tanto me recordó a las de Bernini y Borromini en Roma-, tantos grandes palacios, muchos de ellos pertenecientes hoy a la Universidad, la avenida  Svobody –a pesar de estar en obras-, la antigua farmacia y tantos otros edificios , monumentos y rincones.
Pude visitar también algunas de las zonas periféricas de la ciudad, barrios dormitorio con grandes avenidas y enormes plazas, en una de las cuales, donde destacaba una gran iglesia y una estatua de Juan Pablo II, nos contó el profesar Chuma que el fallecido pontífice se había reunido allí con cientos de miles de jóvenes. En ese breve recorrido me llamó la atención un dato que nos dío el profesor Chuma: que en Ucrania las iglesias católicas, como la que habíamos visto, se construían sólo con las aportaciones de los fieles, que también sustentaban íntegramente a sus sacerdotes. Además, durante el recorrido, en un autobús urbano lleno de gente, me impresionó comprobar que la gente que iba entrando por la puerta trasera, te daba el dinero para que se lo hicieras llegar al pasajero que tenías delante, hasta llegar al conductor. Señal de confianza y honradez. Y me tocó el corazón la espiritualidad de la gente, que al menos ese viernes llenaban todos los templos que vimos, rezando con profunda piedad y recogimiento.
Evidentemente, la mayoría de los edificios necesitan de una gran labor de restauración, muy especialmente las fachadas, también a veces los interiores, así como numerosos pavimentos de las calles.

Aunque ese descuidado exterior daba a Lviv  un aire decadente, la ciudad se mostraba llena de vida y belleza, verdadera joya monumental, tan desconocida en Occidente como digna de rivalizar con las grandes capitales culturales europeas, más aún si se llevara pronto a cabo la necesaria labor de restauración, que soy consciente de que necesitará de tiempo, pues el patrimonio que se debe restaurar es ingente. Pero estoy seguro que todo se andará, y ojalá no en demasiado tiempo.

Para un amante del Arte, que además se dedica a ello, Lviv es, sin duda, un verdadero regalo para la vista y el espíritu.
La impresión de sus gentes fue también altamente positiva, aunque al ser mi estancia muy breve, el juicio es necesariamente limitado. Eso sí, el trato más estrecho con los profesores Shmihelskyy y Chuma,  y luego con la esposa de Bohdan, Olga, fue, aunque quizá no les guste a ellos que lo manifestemos públicamente, no solo exquisito, sino lleno de cordialidad y afecto, causando en nosotros una magnífica impresión, y haciéndome pensar que en los demás ciudadanos de Lviv tiene que haber muchos valores, como corroboran los detalles que ya señalé al referirme a la actitud de las personas en los templos y en los autobuses… virtudes que deseo y espero que los ciudadanos de la Europa Occidental conozcan pronto, aprovechando también esta tribuna para pedir a las autoridades que agilicen los pasos por las fronteras, para facilitar la entrada de visitantes que se admiren de la belleza de Lviv, símbolo magnífico de las comunes raíces culturales y espirituales de Europa, que espero poder volver a visitar, admirar y disfrutar con los buenos amigos que en esas breves horas dejé en esa querida ciudad de la Ucrania Occidental.
José Alipio Morejón Ramos

Y aquí tenéis un reportaje muy interesante sobre Lviv ahora y 100 años antes, que me acaba de enviar el profesor Bohdan Chuma, a quien vuelvo a recordar y agradecer por su cordialísima acogida en la querida Lviv.

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Los grandes genios de la Ciencia: historia, aportación científica e influencia cultural

El ciclo titulado “Los grandes genios de la Ciencia: historia, aportación científica e influencia cultural”, nos ha acercado durante cuatro martes de enero y febrero (del 17 de enero al 7 de febrero) a los grandes genios de la Ciencia: Aristóteles, Galileo, Newton y Einstein.

Tuvo lugar en el Aula Luis de Ajuria (C. General Álava 7, Vitoria-Gasteiz), impartido por David Corral, licenciado en Historia y profesor de secundaria en Bilbao, que a su pasión por la historia une un interés por la ciencia muy excepcional, al igual que su conocimiento de ésta. Pero su ser historiador y pasión por la ciencia, le permite tener una perspectiva muy rica, también por sus conocimientos de filosofía y cultura. Además, su gran vocación docente, nos ha permitido aprender y disfrutar con las vidas y aportaciones de estos genios, que influyeron decisivamente en la historia de Occidente y de toda la Humanidad, tanto en el campo de la ciencia como de la cultura y sociedad.

El ciclo además de acercarnos a sus principales aportaciones, y a cómo se gestaron sus grandes creaciones científicas, nos adentró también en sus personalidades, muchas veces tan apasionantes como sus descubrimientos, así como al concreto contexto histórico cultural en el que crecieron y vivieron, la influencia del pasado y su peso sobre el momento presente y los siglos posteriores.

Las distintas sesiones fueron seguidas de un público numeroso, que, además de asistir, participó activamente en los coloquios, y al termino de las mismas sesiones, manifestando sus inquietudes, sugerencias, personales reflexiones, agradecimiento por las sesiones, y animándonos a organizar algún otro ciclo en esta misma línea de ciencia y cultura.

También ha sido muy gratificador ver el interés de los diversos medios de información (radio, prensa y televisión), que, junto a la emisión de noticias sobre las diferentes conferencias, han hecho y siguen haciendo reportajes, tertulias y otros programas acerca de este ciclo y su contenido.

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La Educación, clave para el futuro de Europa. Razones para el optimismo.

Del 2 al 4 de noviembre de 2011 hemos celebrado en Vitoria-Gasteiz las VII Jornadas Internacionales de Cultura Europea, organizadas por la Asociación Cultural Raíces de Europa. Han estado centradas en la educación, pues las consideramos una realidad clave para el futuro de Europa. Han venido profesores y expertos de Suecia, Finlandia, Holanda, Reino Unido, Francia y España, y, creo sinceramente que sus intervenciones han sido ciertamente brillantes, aportando numerosa información, ideas y experiencias, sin caer en tópicos fáciles ni afirmaciones superficiales.
En estas breves líneas quiero ofrecer algunas de estas ideas, a modo de pintura impresionista, que conforman el “cuadro” que dejaron en mi memoria, y que, si tuviera que darle un título, podría ser: “Educación: poderosas razones para el optimismo”, o “La educación: clave de un gran futuro para Europa y el mundo, que vale la pena alcanzar”.
Es evidente que vale la pena mirar hacia los países del norte de Europa, porque allí la Educación, sin que falten dificultades, es un valor grande y admirado, con muchos logros y aspectos positivos, de los que podemos aprender y mejorar, también de sus errores.
Durante esos intensos días salieron a relucir muchos e interesantes datos y experiencias, y me resulta difícil condensarlo, pero me impresionó profundamente lo que dijo un profesor venido de Finlandia, Javier Salazar, oriundo de Granada, con una tal pasión por la enseñanza, que, a pesar de ser un reconocido directivo de la farmacéutica Novonordisk, decidió dedicarse totalmente a la educación, dejando su “importante” y bien remunerado trabajo, y confirmándonos que su radical decisión ha valido la pena. De lo que nos dijo sobre la educación en Finlandia me sorprendió la referencia al extraordinario prestigio del que allí gozan los profesores, especialmente los de primaria, prueba y consecuencia de lo cual es la aspiración general de los mejores alumnos del bachillerato finlandés a ser profesores, y, sobre todo, de primaria. Además de por el prestigio social, por su calidad profesional, por la admiración de los alumnos y padres…, y a pesar de que su retribución es bastante inferior a la de la de muchos profesionales de otras actividades.
Resaltó a su vez la estrecha relación entre profesores y padres, dando numerosos ejemplos, entre otros el hecho este tan rotundo: la mayoría de los docentes escriben cada día en el programa Vilma una información sobre la actividad de cada uno de sus alumnos durante la jornada transcurrida, también con ideas para lo que podrían hacer ese día en casa, para los que no habían podido asistir… Pero lo que todavía me resultó más impresionante es que casi todos los padres siguen diariamente esos informes a través de internet, y los ponen en práctica.
Además, aunque se trata de colegios estatales, los padres tienen el colegio como propio, en parte por la historia de la fundación de estos centros, fruto del empeño de los ciudadanos de cada localidad… Prueba de que el centro donde estudian sus hijos es casi de ellos, son las colectas que realizan para mejorar aspectos concretos del colegio. Y participan de muchos otros modos. Además, los alumnos, dedican algunos días a limpiar las aulas, el patio e incluso los alrededores del centro.
También me sorprendió que se diera mucha importancia a las tradiciones y fiestas, especialmente las de Navidad: nos dijo que en todos los colegios del país se representan los textos evangélicos del Nacimiento de Jesús.
Otra idea que me pareció destacable: los alumnos leen mucho, y se procura que el colegio y la biblioteca pública estén juntos, y siempre tienen en el pupitre el llamado “libro de pupitre”, al que todos los días dedican tiempo de lectura.
Aunque me vienen más recuerdos sobre Finlandia, no puedo olvidar algo de los demás países, especialmente un dato que me llamó poderosamente la atención. El profesor de Holanda, Giacomo Garulli, profesor de uno de los más prestigiosos y antiguos centros de Holanda -el “Stedelijk Gymnasium Haarlem”, uno de los colegios más antiguos de Holanda (fundado en 1389)-, nos contó que en 1995 se decidió que, con el fin de mejorar la calidad de la educación, que los colegios dejaran de ser estatales y pasaran a particulares (padres, profesores, instituciones…), de modo que mejorara su dirección, cercanía profesores-padres…: ahora mismo, solo el 3% de los centros son estatales, los demás son privados y, en su inmensa mayoría, concertados.
Benoit Pellistrandi, venido de París, resaltó los numerosos problemas que sufre la educación en Francia, fruto en gran medida del intento de “igualitarismo” que se lleva realizando desde finales de los 60, y que, a pesar de las inversiones presupuestarias cada vez más altas, no consiguen cambiar la tendencia. Además, el número de huelgas de docentes es cada vez más alto, impidiendo también una regularidad en la enseñanza.
Otra intervención de extraordinario interés fue la de la profesora Inger Enkvist, asesora en el ámbito de la educación del gobierno sueco. Además de resaltar la importancia del prestigio del profesorado, su cualificación, la necesidad de la implicación de los padres…, destacó también la de la exigencia al alumno, y evitar un “igualitarismo” que se olvida de cada alumno, con su personalidad, capacidades, situación familiar…
Ofrecemos un magnífico texto que nos acaba de enviar, basado en su intervención y reflexión tras asistir a las Jornadas, dedicado a las claves del éxito finlandés, que nos parecen tan sugerentes como útiles.
Me dejo mucho en el tintero, pero insisto en que la impresión general que saqué es que hay muchos motivos para el optimismo en el ámbito de la Educación, y, por tanto, muchas razones de optimismo para el futuro de nuestra sociedad.

José Alipio Morejón.

Director de Raíces de Europa

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