Archivo mensual: febrero 2012

Sobre la conferencia “La ruptura de la armonía europea en el siglo XVI, vista por los pintores alemanes de la Reforma”

La conferencia titulada “La ruptura de la armonía europea vista por los pintores alemanes de la Reforma”, a cargo del Dr. Pedro Luis Echeverría Goñi, profesor titular de Historia del Arte de la Universidad del País Vasco, nos acercó a un periodo excepcional en la historia de Europa, tan apasionante como trágico: el del “largo siglo XVI”, por su  intensidad en creaciones y acontecimientos, algunos tan dramáticos como la crisis de la reforma protestante liderada por Lutero y otros reformadores del ámbito germano.

Tuvo lugar el martes 28 de febrero de 2012 a las 20:00 horas en el Aula Luis de Ajuria (C. General Álava 7, Vitoria-Gasteiz), ante una sala casi abarrotada.

En este apasionante argumento, del que es una magnífica muestra el cuadro de Holbein, “Los embajadores”, al acercarnos a la visión “protestante”, además de acercarnos a las heridas, a veces graves, que se producieron esos años en la sociedad europea, nos dimos cuenta de la necesidad de acercarnos a estos complejos argumentos desde el estudio sereno y profundo, y desde una perspectiva multidisciplinar, que aborde, junto la historia, la creación artística, la filosofía, la política, la economía y la teología, y, además, hacerlo desde una perspectiva serena y que subraye los puntos de encuentro, para ir cerrando esas heridas que tanta separación y dolor provocaron en esos difíciles momentos.

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Lviv (Ucrania), una ciudad excepcional. 13, 14 y 15 octubre 2011 (actualizada)

El día 13 de octubre de 2011 llegué a Lviv (Ucrania) hacia las 23:30, procedente de Rzeszów, Polonia, junto a otros 43 socios y amigos de la Asociación Cultural Raíces de Europa, nacida el año 2004 en Vitoria (País Vasco, España), cuya misión es promover la integración de Europa desde la cultura, y que tengo el honor de dirigir.

En Lviv íbamos a estar, y estuvimos de hecho, además de la noche del 13, todo  el 14, y las primeras horas del 15, pues tras desayunar, regresábamos a Polonia, con destino a Zamosk y Varsovia. Antes habíamos visitado buena parte del sur de Polonia, país del que volví a regresar fascinado, y sobre el que más adelante me gustaría escribir.

La decisión de ir a Lviv la propició a un apreciado colega y amigo, el profesor de Cultura de la Imagen de la Facultad de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Navarra Dr. Jorge Latorre, que me había animado vivamente a visitar esta ciudad, de la que hasta entonces, debo reconocer, apenas había oído hablar.

Llegué al Lviv con cierto escepticismo, pues no estaba del todo convencido de que las tan laudatorias palabras del profesor Latorre se corresponderían del todo con la realidad. Jorge me había presentado a Lviv como la Viena Eslava, una ciudad a la altura, o casi, de la que fuera capital del Imperio Austro Húngaro. Las dudas sobre la descripción del profesor Latorre aumentaron al llegar a la frontera con Ucrania, en la carretera que une a Cracovia y Rzeszów con Lviv. Contemplé con cierta preocupación la larguísima fila de camiones y coches, que, además, en elevadísimo porcentaje eran tan antiguos como destartalados. Los autobuses eran pocos, pero la espera fue larguísima, al menos para nuestra costumbre en la Unión Europea, donde gracias a Dios no hay fronteras: estuvimos unas tres horas.

Durante ese tiempo se hizo la noche, por lo que entramos en Ucrania sin luz. ¿Qué nos esperaría en Lviv?, ¿sería en verdad la Viena Eslava del profesor Latorre? ¿Había exageración en sus alabanzas?

Cuando llegamos a la ciudad, y vimos en lo alto la silueta iluminada de una imponente iglesia –luego supe que era la de San Jorge-, pensé que podría ser cierto lo que dijo mi colega, pero había que esperar.

Nada más llegar al hotel, poco antes de la media noche, fuimos directamente a cenar. El personal del establecimiento –Eurohotel- nos atendió con exquisita educación y eficacia, a pesar de las horas a las que llegábamos. Aunque acabamos muy tarde, no me resistí a acercarme al centro de la ciudad. Amablemente me explicaron en la recepción cómo llegar hasta la gran plaza del Ayuntamiento. En ese recorrido, de apenas 20′, a pesar de la poca luz, pude comprobar que, efectivamente, se trataba de una magnífica ciudad.
Mis impresiones, debo aclarar, supongo que estarán siempre influidas por mi particular formación profesional: la del Historiador del Arte, amante singularmente de la Arquitectura.
Desde el primer momento me admiré ante la grandeza de sus edificios: las magníficas iglesias de los Bernardinos, la de la Asunción de la Virgen María y la Catedral Ortodoxa, el Ayuntamiento, los restos de sus murallas. Además, a pesar de la soledad –ya eran casi las 2 de la madrugada- la sensación era de seguridad. Me sorprendió ver incluso algún comercio abierto, y taxis disponibles.
Me acosté con ganas de conocer la ciudad con luz, para confirmar las gratas impresiones de la visita nocturna.
Al día siguiente, el viernes 14 de octubre, conocí a primera hora al Dr. Bohdan Chuma, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Lviv, con el que había entrado en contacto a través de internet por medio del referido profesor Latorre, y que desde el primer momento manifestó su completa disposición para ayudarnos en nuestra estancia en Lviv. Junto a él se encontraba nuestro guía, Igor Shmihelskyy, profesor de Lengua y Literatura española de la misma universidad que la del profesor Chuma. Su generosa cortesía y confianza me tocaron el corazón desde el primer momento. Con ellos comenzamos a visitar su ciudad.
Con el fin de que pudiéramos tener una visión de conjunto de Lviv, subimos hasta el castillo. Cuando estábamos llegando a lo más alto, comenzó a llover con fuerza. Lógicamente, no pudimos apreciar bien la vista de la ciudad, pero si intuir su grandeza.

A continuación, ahora en autobús -pues las distancias son grandes-, nos dirigimos hacia la Catedral de San Jorge, discurriendo antes por muchas de sus calles, plazas y edificios. Quedaba claro que la ciudad era una espléndida capital europea, que, efectivamentne, recordaba a muchos rincones de Viena, aunque también de otras grandes capitales de la Europa Central y Occidental. Esta impresión no dejó lugar a dudas a medida que nos adentrabamos y conocíamos con más detalle Lviv, y sus innumerables y magníficos monumentos. Junto a los ya referidos, no puedo olvidar el Palacio Potyocki, el Teatro Nacional de la Opera y Ballet, la Catedral Armenia, la antigua iglesia de los Dominicos –que tanto me recordó a las de Bernini y Borromini en Roma-, tantos grandes palacios, muchos de ellos pertenecientes hoy a la Universidad, la avenida  Svobody –a pesar de estar en obras-, la antigua farmacia y tantos otros edificios , monumentos y rincones.
Pude visitar también algunas de las zonas periféricas de la ciudad, barrios dormitorio con grandes avenidas y enormes plazas, en una de las cuales, donde destacaba una gran iglesia y una estatua de Juan Pablo II, nos contó el profesar Chuma que el fallecido pontífice se había reunido allí con cientos de miles de jóvenes. En ese breve recorrido me llamó la atención un dato que nos dío el profesor Chuma: que en Ucrania las iglesias católicas, como la que habíamos visto, se construían sólo con las aportaciones de los fieles, que también sustentaban íntegramente a sus sacerdotes. Además, durante el recorrido, en un autobús urbano lleno de gente, me impresionó comprobar que la gente que iba entrando por la puerta trasera, te daba el dinero para que se lo hicieras llegar al pasajero que tenías delante, hasta llegar al conductor. Señal de confianza y honradez. Y me tocó el corazón la espiritualidad de la gente, que al menos ese viernes llenaban todos los templos que vimos, rezando con profunda piedad y recogimiento.
Evidentemente, la mayoría de los edificios necesitan de una gran labor de restauración, muy especialmente las fachadas, también a veces los interiores, así como numerosos pavimentos de las calles.

Aunque ese descuidado exterior daba a Lviv  un aire decadente, la ciudad se mostraba llena de vida y belleza, verdadera joya monumental, tan desconocida en Occidente como digna de rivalizar con las grandes capitales culturales europeas, más aún si se llevara pronto a cabo la necesaria labor de restauración, que soy consciente de que necesitará de tiempo, pues el patrimonio que se debe restaurar es ingente. Pero estoy seguro que todo se andará, y ojalá no en demasiado tiempo.

Para un amante del Arte, que además se dedica a ello, Lviv es, sin duda, un verdadero regalo para la vista y el espíritu.
La impresión de sus gentes fue también altamente positiva, aunque al ser mi estancia muy breve, el juicio es necesariamente limitado. Eso sí, el trato más estrecho con los profesores Shmihelskyy y Chuma,  y luego con la esposa de Bohdan, Olga, fue, aunque quizá no les guste a ellos que lo manifestemos públicamente, no solo exquisito, sino lleno de cordialidad y afecto, causando en nosotros una magnífica impresión, y haciéndome pensar que en los demás ciudadanos de Lviv tiene que haber muchos valores, como corroboran los detalles que ya señalé al referirme a la actitud de las personas en los templos y en los autobuses… virtudes que deseo y espero que los ciudadanos de la Europa Occidental conozcan pronto, aprovechando también esta tribuna para pedir a las autoridades que agilicen los pasos por las fronteras, para facilitar la entrada de visitantes que se admiren de la belleza de Lviv, símbolo magnífico de las comunes raíces culturales y espirituales de Europa, que espero poder volver a visitar, admirar y disfrutar con los buenos amigos que en esas breves horas dejé en esa querida ciudad de la Ucrania Occidental.
José Alipio Morejón Ramos

Y aquí tenéis un reportaje muy interesante sobre Lviv ahora y 100 años antes, que me acaba de enviar el profesor Bohdan Chuma, a quien vuelvo a recordar y agradecer por su cordialísima acogida en la querida Lviv.

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Los grandes genios de la Ciencia: historia, aportación científica e influencia cultural

El ciclo titulado “Los grandes genios de la Ciencia: historia, aportación científica e influencia cultural”, nos ha acercado durante cuatro martes de enero y febrero (del 17 de enero al 7 de febrero) a los grandes genios de la Ciencia: Aristóteles, Galileo, Newton y Einstein.

Tuvo lugar en el Aula Luis de Ajuria (C. General Álava 7, Vitoria-Gasteiz), impartido por David Corral, licenciado en Historia y profesor de secundaria en Bilbao, que a su pasión por la historia une un interés por la ciencia muy excepcional, al igual que su conocimiento de ésta. Pero su ser historiador y pasión por la ciencia, le permite tener una perspectiva muy rica, también por sus conocimientos de filosofía y cultura. Además, su gran vocación docente, nos ha permitido aprender y disfrutar con las vidas y aportaciones de estos genios, que influyeron decisivamente en la historia de Occidente y de toda la Humanidad, tanto en el campo de la ciencia como de la cultura y sociedad.

El ciclo además de acercarnos a sus principales aportaciones, y a cómo se gestaron sus grandes creaciones científicas, nos adentró también en sus personalidades, muchas veces tan apasionantes como sus descubrimientos, así como al concreto contexto histórico cultural en el que crecieron y vivieron, la influencia del pasado y su peso sobre el momento presente y los siglos posteriores.

Las distintas sesiones fueron seguidas de un público numeroso, que, además de asistir, participó activamente en los coloquios, y al termino de las mismas sesiones, manifestando sus inquietudes, sugerencias, personales reflexiones, agradecimiento por las sesiones, y animándonos a organizar algún otro ciclo en esta misma línea de ciencia y cultura.

También ha sido muy gratificador ver el interés de los diversos medios de información (radio, prensa y televisión), que, junto a la emisión de noticias sobre las diferentes conferencias, han hecho y siguen haciendo reportajes, tertulias y otros programas acerca de este ciclo y su contenido.

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